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El común denominador del éxito

Foto del escritor: Ilse Maldonado
Ilse Maldonado
6 mar 2024
4 min de lectura

Actualizado: 11 jun 2025

En julio del 2023, me dieron de alta para poder caminar y empezar a trabajar de forma normal. Sucedieron dos cosas que detonaron cambios en los siguientes meses de mi vida en Tijuana. Encontré un trabajo como barista muy rápido, y este me iba a ayudar a solventar algunos gastos fijos, en lo que recuperaba el ritmo de actividad con mis asesorías. A la par mi promotor Víctor Torruco, me propuso ir a un Encuentro de Agentes al mes siguiente en Guadalajara. El contexto de esta situación es porque yo no estaba generando como necesitaba, ya que mentalmente aún no estaba lista para retomar al 100%. Torru por su parte, me dijo algo que me motivó a seguir preparándome:


"Yo entré a mis 30 a los seguros, 5 años después de la primera vez que me invitaron. Un año y medio pasó, y cuando me depositaron mis renovaciones, me dije a mí mismo: "Hubiera empezado antes". Lo veo como en el Ultimate, ahora estás empezando, estás entrenando, a veces te salen los tiros, luego no, y tu realidad es que tienes gastos que solventar, pero tú tienes la gran oportunidad de cambiarla con más actividad, y una póliza te puede cambiar la vida. Aprovecha tu juventud, y que no tienes una gran carga de responsabilidades, porque estoy seguro de que vas a despegar pronto, sólo es cuestión de acumular más horas de vuelo, porque cuando lleguen esos partidos, los vas a empezar a ganar".





Poco antes de irme al Encuentro, me pasó un libro "El común denominador del éxito" por Albert E.N. Gray. Después de leerlo, me convencí, tenía que arriesgarme, no me importó endeudarme para ir al evento, y seguí con los dos trabajos, porque era la única forma que conocía para salir de la depresión.


Entonces, ¿cómo me ayudó este libro?


Gray identifica que toda persona que alcanza el éxito es porque "ha creado el hábito de hacer cosas que a aquellos que fracasan no les gusta hacer". Yo estaba teniendo esta "crisis existencial", no podía hacer las cosas que acostumbraba y me gustaban, y lo que podía hacer eran cosas que no dominaba o me sacaban de mi zona de confort, y eso hacía que me sintiera ansiosa, estancada y triste.


El autor dice que la depresión significa que hemos alcanzado un punto en el cual las cosas que no nos gustan hacer se han vuelto más importantes que nuestras razones para hacerlas. En otras palabras, definitivamente tenía una motivación, pero mi inspiración estaba apagada, estaba persiguiendo un objetivo vacío, en lugar de recordar porque había decidido convertirme en asesora.

Si has leído mis anteriores entradas, resonará contigo lo siguiente: El éxito se adquiere a través del hábito, sino lo creas de forma DELIBERADA, estás INCONSCIENTEMENTE creando malos hábitos. Eres el tipo de persona que eres porque has formado el hábito de ser ese tipo de persona.


Recuerdo que cuando yo empecé en el deporte competitivo me motivaba ser la mejor, pero a pesar de que era muy disciplinada y tenía buenos hábitos, no estaba lista mentalmente, y estas creencias afectaban la forma en la que entrenaba y jugaba, y consecuentemente terminé frustrándome. No me malinterpreten, puedo decir que fui una jugadora destacada, pero reconozco que mi fortaleza mental aún no era tan sólida como para subir al siguiente nivel. Y aunque me dolió dejar ese deporte, agradezco lo que viví porque años más adelante me serviría para superar otras pruebas.


Cuento mi historia, porque a pesar de haber aprendido de esa experiencia frustrante y traumatizante y tener buenos hábitos, también había creado/reforzado otros que me estaban saboteando. Entonces, ¿qué era lo que estaba fallando? Mi propósito estaba claro y definido, pero el problema era que no creía en mí.


El autor dice que este propósito tiene que ser algo que seas capaz de elegir todos los días, y finalmente habrá un día que te levantes como una persona distinta en un mundo diferente.


¿Qué podría hacer yo para creer en mi propósito?


Estaba tomando malas decisiones y ni siquiera me percataba. Justo una de las trampas en la que estaba cayendo, era que estaba eligiendo a otros por encima de mí de forma inconsciente, mis actividades giraban en torno a las demás personas, y al final cuando llegaba el momento de enfocarme en lo mío , estaba presionada y cansada.


El autor nos dice que tu propósito debe ser práctico, pero no por eso lógico, debe ser emocional, sentimental. Porque una vez que las necesidades son satisfechas, dejan de empujarte, pero si éste está expresado en deseos y anhelos, estos seguirán impulsándote.




Este era mi camino al café todos los días. Me tocaba ver el amanecer.


No es fácil, hay momentos donde la desconfianza o baja autoestima nos traspasan: No puedo sentirme "bien y feliz" todo el tiempo. Retomé la meditación creativa; empecé a escuchar a mi cuerpo, cómo reaccionaba cuando me sentía ansiosa o presionada, y qué era lo que me había llevado a eso inicialmente, y fue ahí donde me di cuenta que por más insignificantes que fueran las decisiones que iba tomando a lo largo del día; como aplazar la alarma 15 minutos, o desayunar más rápido, irme sin lavar mis trastes, o no preparar mis cosas para el gimnasio, detonaban en que cuando llegaba el momento para hacer la o las actividades más importantes de mi día (que necesitaban de mi completa atención) no lograba terminarlas, o las hacía más tarde y se empalmaba con otras, y al final me sentía frustrada y agotada. Fue específicamente en esos meses que me obligué a leer más, a salir a eventos o lugares que me pusieran incómoda, a sociabilizar con personas que no acostumbraba, y puedo decir que funcionó.


Fui a ese Encuentro, conocí a los mejores agentes del país y del mundo, viví una realidad que aunque duró poco, me hizo volver a creer en mí, en que lo que sueño es alcanzable, y que no tengo porqué sentirme mal sí en ocasiones lo que planeo no sale, pero lo que no puedo dejar de hacer es seguirme moviendo, creciendo, evolucionando por mí, ya que así con tiempo y paciencia todo empezará a tomar su lugar.





"No hay inspiración en la lógica, no hay coraje en la lógica... no hay felicidad en la lógica, sólo hay satisfacción".



Aún tengo miedo, y he descubierto que todavía debo de corregir acciones que me sabotean, pero ya no las juzgo, las observo, soy resiliente, me adapto más rápido, porque sé que llegará ese día en el que tenga que ganar ese partido.

















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